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  Cronica Cena Semana Santa 08

 

Sábado día veinte y dos de marzo del año de Nuestro Señor dos mil y ocho.

 

La verdad se me hace difícil comenzar a escribir esto, eso lo sabe el hermano Tripi al que le debí de enviar esto

 hace cosa de unos tres días, pero tras recopilar en mi cabeza los pocos recuerdos que me quedaban y ver las

 fotos creo que he llegado a tener una idea bastante acertada de lo que pasó el día arriba mencionado.

 

La “cena” para cierto sector de la peña no comenzó en el Moby (nuestro sitio de reunión habitual) apenas una

media hora antes de la cena, sino en mi casa a mediodía. Esto voy a contarlo porque aquí los Caballeros volvimos

a dejar alto el estandarte de las actividades etílico-festivas y el nivel de alcohol en sangre que empezamos a acumular

tuvo su importancia más tarde. Al grano, a cosa de las dos del mediodía el hermano Navarro acudió a mi llamada

para hacer unas gachas para los amigos y amigas de mi hermana que ese día estaban comiendo en mi casa. Como

al citado miembro de nuestra

sacrosanta hermandad le gusta la fiesta y el alpiste más que a un tonto un lapiz, pues la verdad es que no hubo que

 insistirle mucho. Total que allí apareció con su sartén llena de mierda (que es lo que le da el regustillo a las gachas),

 una paleta de iguales características y unas botellas obsequio de su bodega (dos botellas de blanco que duraron

apenas media hora y una de vermut que duró aún menos). Mientras comíamos, reíamos y bebíamos comenzaron a llegar

 el resto de miembros masculinos del grupo (no si alguien los llamó o aparecieron por poderes extraños que aún no he

 logrado comprender) debidamente trajeados y a cual más hermoso. Allí se mezclaron entre la gente reunida mientras

que la bebida no cesaba de aparecer (en este caso dos botellas de anís que ingerimos mientras jugábamos al “yo nunca”).

Hubo un intento de café, pero fue imposible llevarlo a cabo porque el que escribe estas líneas tuvo una serie de “accidentes”.

 

Debo felicitar a la sección masculina porque esa tarde dimos una lección de saber estar y comportarse

en una fiesta, se vio claramente que estamos curtidos en mil batallas parecidas, es decir, que fuimos la risión

de la reunión, que la gente invitada por mi hermana se lo pasó de puta madre (Dios perdone mi blasfemo hablar)

y que hacia tiempo que no se reían tanto como con nosotros.

 

Total que desde allí nos fuimos, con mi hermana, con Angela y con Alicia, al “Templo del Sonido” (anteriormente

conocido como cocinilla de Navarro) donde seguimos privando e intentamos jugar al singstar, pero nos fue imposible

porque Navarro no sabía a que botones había que darle del ostión que llevaba. También hubo miradas oscenas de

Jesús hacia quién sabemos.

 

A las ocho y media (o eran las nueve y media) de la noche fuimos al Moby donde ya nos pudimos reunir todos

los que ibamos a ir a cenar, a saber: Blanca, Mercedes, Maria, Osorio, Aparicio, Maestre, Tripi, Navarro y

 el que escribe esto, Pacomunero. Tras las cervezas de rigor nos encaminamos hacia la pizzería donde tuvimos

 una frugal cena consistente en pizzas, ensalada y una jarra de sangría por cabeza. Allí también pudimos ser

espectadores del brindis más largo de la historia, el protagonizado por Navarro (unos veinte minutos o más en

 los que fue insultado y abucheado, y al final aplaudido), los intentos de violar al Manco de Lepanto por parte

 de Maria, el enfado existente entre Jose Luís y su querida Blanca, las promesas de ir a Cuenca a visitar a

 Bonito y cientos de anécdotas más que no relato no por falta de ganas, sino por falta de memoria. Por cierto,

 se echo de menos a gente que no se dignó a asistir por unos u otros motivos.

 

Tras la cena de gala, nos fuimos a sacar en procesión al Cristo de la Santa Barquilla (al que voto que debería de ser

 nuestro patrón) al cuál nos encomendamos en Los Chicos dando buena cuenta de un cajón de cervezas en compañía

 de Zamora, el Negro y sus colegas. A partir de aquí todo el alcohol acumulado empezó a causar estragos entre la peña,

porque la verdad es que no paramos de reír, de hablar, de….

 

Luego, al bar nuevo, cuyo nombre no se escribir,  donde continuó el desenfreno y la orgía etílica. Allí hubo besos, abrazos,

tocamientos impúdicos…, en fin, lo normal. Y aquí si mal no recuerdo, fue cuando llegó el Chiqui, así que la Compañía del

 Ostión ya estaba completa.

 

Siento no recordar más sitios donde estuvimos ni cuando la gente se fue marchando a casa, solo se que los restos

que ibamos quedando fuimos al CBC, al Neox, al Morten…., total que al final quedamos, cuando se fue Aparicio,

 Jesús y yo, que acabamos de “cenar” a las ocho de la mañana en el Neox. No hace falta que al día siguiente no me

 podía ni mover y que la resaca fue brutal, pero seguro que no fui el único al que le visitó el capitán resaca, ¿verdad?

 

Para acabar solo quiero decirle a los sufridos lectores, que perdón por no recordar más detalles puntuales, pero lo

que si que recuerdo y jamás olvidaré, es que hacía mucho tiempo que no estaba tan a gusto con vosotros, que

la “cena” fue brutal, que cada vez que estamos un tiempo sin vernos me da más alegría cuando nos juntamos y

que como grupo de amigos creo que hemos evolucionado y ganado mucho. Lo que siento por vosotros al escribir

esto no se puede definir con una sola palabra.

 

Espero que durante muchos años podamos celebrar nuestra amistad.

 

                                                                                ¡Por los que somos y seremos!

 

Por: Pacomunero!

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